ABC Spanish – English

ABC Spanish – English es un libro ilustrado de la editorial SM de menos de 20 páginas especialmente diseñado para que los más pequeños vayan familiarizándose tanto con el alfabeto español como con algún vocabulario inglés. Recomendado a partir de los dos años.

Nuestra experiencia con él ha sido realmente maravillosa, y bastante salvadora. El libro llegó a nuestras manos justo al comienzo del confinamiento y nos apoyamos bastante en él para seguir enseñando a Maguito en esos momentos en los que aún el colegio se estaba organizando y la academia de inglés suspendió toda clase de golpe.

Las ilustraciones son absolutamente preciosas y lo suficientemente llamativas como para que los peques se interesen enseguida en ellas. Y si los adultos no quedamos inmediatamente enamoradas de ellas, seguro que la parte de “pronunciación” hará que amemos este libro sin remedio; puesto que allí nos encontraremos con la pronunciación fonética de todas las palabras inglesas que aparecen en el libro, además del abecedario y unas pocas palabras más. Por si el inglés no es nuestro punto fuerte o lo tenemos algo oxidado.

El único punto negativo que le hemos encontrado a este libro ha sido con una palabra. Y es que en español son gofres, y no wafle. La W es una letra algo complicada, pero tenemos animales también con esa letra, como el wombat (súper adorable). Digo animales porque son mayoría en este libro, del que no hemos encontrado más que esta pega casi anecdótica.

De hecho, ha costado que Maguito nos lo deje un rato para escribir esta reseña. Imposible durante el confinamiento y con algo de chantaje durante el verano y solo por ir a la playa con los juguetes que le apeteciera. Fácilmente reconoce tanto los animales, como las demás figuras; aunque por alguna razón, sigue empeñado en que la ardilla es una mofeta en cuanto la ve. Es genial verle pasar tiempo con él. Pasar las páginas atentamente, nombrar lo que ve, preguntar por la traducción en inglés o por cualquier curiosidad que se le plantee al “jugar”, como dice él mismo.

Sinceramente creemos que hacerse con este libro es una maravillosa oportunidad de aprendizaje para todo maguito y maguita, no solo por el lenguaje y el inglés, sino que es sencillo que nuestros pequeños sientan curiosidad con algún animal o figura en concreto, lo que es fácil que derive en una investigación que siempre puede llevarnos a aprender un poco más a todos… o experimentar en la cocina con alguna receta nueva para probar eso que ilustrado se ve tan bonito.

Un gran regalo para tener en cuenta ahora que se va acercando el final de año con sus festividades, y el comienzo del nuevo curso con los cumpleaños de los compañeros (aunque este año sea un poco extraño). Sea como sea, es uno de los libros que permanecen para toda la vida en la biblioteca de cualquiera.

Lo que trajo la pandemia

Lo que trajo la pandemia fue el recuerdo de tiempos pasados. El de otras desgracias, otras pandemias, otros malos tiempos. Y muchos recuerdos e historias de los que seguimos sin aprender.

Sí, yo también me he estado acordando mucho de mis abuelos, fallecidos hace ya tiempo, pero el pensar en ellos me ha hecho reflexionar sobre otras cuestiones. Para empezar, cada vez que escucho eso de “mejor generación” no dejo de oír sus risas desde allá donde estén. Y me susurran bien fuerte, y solo puedo acordarme de todo lo que sacrificaron por seguir adelante y estoy de acuerdo con ellos: los “mejores” son los primeros en caer. Y ya veo de otra forma a aquellos que fácilmente nombran héroes a otros, porque parece ser la forma que acepten alegremente ir al matadero. Tengo la sensación que mis abuelos añadirían unos cuantos y variopintos adjetivos, pero creo que hoy en día no se considerarían aptos para menores de 35.

Esos pensamientos me trajeron recuerdos de mí misma, de cuando empecé a estudiar Historia en el colegio, y tenía muy claro que casi en cada generación debía ocurrir algo malo. Pues mira, no estaba demasiado desencaminada. Lástima que como sociedad sea algo que no hayamos sido capaces de aprender, por la manía de quedarnos sólo con lo bueno. En sí mismo, no es algo malo, pero al pasar por alto las razones y motivos que llevaron a eso, y en muchos casos lo que pasó después, nos negamos lecciones realmente importantes. Nos gusté o no, hay veces en las que por qué pasó es mucho más importante que lo que pasó.

Hace un tiempo, alguien a quien se lo agradezco con toda mi alma, (asco de memoria que no grabó bien quién fue, mil perdones) me pasó un libro llamado “El poder de los introvertidos” y en estos tiempos he visto como ha sido precisamente la gente más introvertida la mejor cualificada para aguantar el tipo. Básicamente aquellos cuya mente siempre ha sido su primer refugio estaban preparados para aguantar mientras aquellos que necesitan de continua aprobación externa han sido los primeros en derrumbarse. Así que quizá sea hora de que, como sociedad, demos un paso atrás y empecemos a fijarnos en otras cosas a parte de la habilidad social.

Pero también sé que no lo haremos. Quizá de forma individual, pero socialmente… Sólo pensarlo y veo a mis abuelos levantando el dedo y asintiendo con la cabeza. No. La sociedad no cambia. Cambian las formas y los modos, pero con solo rascar un poco, se ve claramente que el fondo permanece, y que siempre habrá alguien dispuesto a hacer lo que sea porque siga así.

La prueba más fehaciente nos la encontramos en que la gente con esa aficiones “raras” fueron de los primeros en ofrecerse para hacernos olvidar un poco la desgracia y alegrarnos el día a día. Que buenos esos agradecimientos y esa alegría, pero ahora que muchos creen que ha pasado todo, vuelven a ser “esos frikies”. No toco el tema de los sanitarios, porque me censurarían de por vida, pero ánimo gente, lo estáis dando todo y hay muchos que seguimos con vosotros.

Ahora nos encontramos en el ojo de la tormenta, porque no, esto no ha acabado ni mucho menos, tenemos un pequeño respiro para aprender y prepararnos. Y no me refiero a la acaparación de bienes (¿los que hacen eso piensan hacer estraperlo o qué?), ni a cosas semejantes. Tenemos este tiempo para llorar a lo caídos como es debido; ir tomando las medidas necesarias para ir frenando el virus, para darle tiempo a los científicos a encontrar una cura o una vacuna. Tenemos tiempo para prepararnos mentalmente. Acabamos de pasarlo, podemos volver a hacerlo y esta vez mucho mejor.

Pero será peor. Las segundas partes siempre son peores, por la negación. El mundo ha cambiado en unos pocos meses y nunca más volverá a ser como un antes. Nos guste o no, no hay vuelta atrás, lo siento. El aceptar eso depende de cada uno, y de esa aceptación dependen nuestras futuras acciones.

Y sí, siempre, siempre, siempre, los grandes olvidados han sido los pequeños en esto casos. Lo que acabe pasando y lo que construirán en el futuro, difícilmente es predecible con todo lo que están viviendo.

Aprendiendo números

Corría el 2018, Maguito aún no tenía los dos años y era el primer verano que pasábamos en la caravana. Entre el campo, la playa, los juegos de mesa y hacer nuevos amiguitos no es que nos diera mucho tiempo para aburrirnos, pero tres meses dan para mucho y nos dio por pensar en hacer algo para jugar y aprender.

Mirando ideas y lo que teníamos a disposición para hacerlo, se nos ocurrió reutilizar un trozo de contrachapado (de 2 mm) que nos había sobrado de hacer el armario de Maguito y el buen montón de garrafas de agua que se van juntando. Un pequeño salto a un hiperchino que esta cerquita del camping para comprar pegamento, papel brillante, pinturas y:

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Bueno, en realidad Papi Manitas hizo con cuidado los agujeros al tamaño apropiado, recortó los cuellos de las garrafas, los limó, los pego y forro los bordes con silicona caliente para evitar accidentes. Yo sólo recorté lo números y pinté.

Al principio no teníamos muchas esperanzas, Maguito era pequeño después de todo, pero lo cogió con un entusiasmo tremendo y él mismo puso las reglas: primero desenroscar todas las tapas, mezclarlas y volverlas a enroscar emparejando bien los números.

No teníamos más expectativas que las de probar y que se divirtiera, pero para cuando volvimos a casa, Maguito ya se sabía del 1 al 10 y un par de meses más adelante contaba hasta 15, aunque eso aún no sabemos de dónde lo sacó.

El caso es que con el tiempo el juego de los números se convirtió en algo habitual y siempre estaba rondando en el divertimento de Maguito, tanto en solitario como con sus nuevas amiguitas, pero el tiempo y el estar algo a la intemperie lo fueron deteriorando. Tampoco es que fuera gran cosa desde un comienzo. Y fue quedando relegando.

Hasta que Maguito empezó el colegio y empezaron a dar el número uno. Nuestro peque ya contaba hasta 20, pero en clase aprendió a discriminarlo correctamente y a escribirlo, así que sin queja alguna. Y me acordé del panel. Hablé con la profesora y me dijo que se lo llevara. Así que después de hacerlo un buen restaurado (que lo necesitaba mucho) quedó así:

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Realmente no sé si lo usan, pero cada vez que paso por la clase lo veo allí, en el rincón de los números y no puedo evitar sonreír.

Cupcakes Hi Hat

Para los golosos de mis chicos estos son de sus cupcakes favoritos, y aunque dan un poco de trabajo, siempre triunfan… y desaparecen enseguida. Aquí os dejo la receta por si os animáis a hacerlos.

Ingredientes:

  • Para las magdalenas:
    1.  200 gramos de azúcar.
    2. 200 gramos de mantequilla.
    3. 4 huevos.
    4.  150 gramos de harina.
    5.  50 gramos de cacao en polvo.
    6.  2 cucharaditas de levadura.
    7.  4 cucharadas de leche.
  •  Para el merengue:
    1.  250 gramos de azúcar.
    2.  100 mililitros de agua.
    3.  125 gramos de claras de huevo.
  •  Para la cobertura:
    1.  250 gramos de chocolate negro.
    2.  Una cucharada de mantequilla.

Preparación:

  •  Para las magdalenas:
    •  Precalentamos el hornos a 180 grados.
    •  Batimos la mantequilla con el azúcar hasta que quede una mezcla cremosa.IMG_2548
    •  Batimos un poco los huevos y los vamos añadiendo poco a poco a la mezcla anterior hasta que queden bien integradosIMG_2549
    •  Tamizamos la harina con la levadura y el cacao, mientras la vamos añadienco poco a poco.IMG_2550 
    •  Incorporamos la leche.IMG_2552
    •  Repartimos la mezcla en las capsulas de magdalena sin llenarlas del todo.IMG_2553
    • Horneamos 25 minutos y dejamos enfriar.IMG_2554
  •  Para el merengue:
    •  Poner en un cazo el agua y el azúcar mezclándolos bien.IMG_2555 
    •  Pasamos la clara a la batidora.
    •  Cuando la temperatura del agua llegue a 110º C, ponemos en marcha la batidora a velocidad alta, pero no a la máxima.IMG_2556
    •  Cuando el agua llegue a los 119ºC, apartamos el cazo del fuego, esperamos un poco y lo vamos vertiendo sobre las claras, cuya velocidad bajaremos a media.IMG_2557 
    •  Una vez vertido todo el almíbar, bajamos un poco más la velocidad y lo dejamos hasta que el bol se enfríe.IMG_2558
    •  Antes de acabar, añadir unas gotas de limón.
  •  Para la cobertura:
    •  Derretir el chocolate y la mantequilla a baño maría.IMG_2560

Montaje:

  •  Pasar el merengue a una manga pastelera con boquilla lisa y ancha.
  •  Hacer un copete en las magdalenas ascendiendo en espiral.IMG_2559
  •  Pasar el chocolate a un recipiente alto.
  •  Sumergir la magdalena cabeza abajo en el chocolate para recubrirla bien.
  •  Dejar enfriar.IMG_2561

Espero que os animéis a hacerlos y que los disfrutéis.

Como se pierde una generación

Que título más agorero, ¿verdad? Pero enseguida vais a entenderlo. Veréis, esta mañana fui a dejar al colegio a Maguito, como siempre. Me gusta ir pronto por dos cosas: para encontrar sitio donde aparcar y para que juegue con sus compis antes de entrar. Una mañana cualquier de un día cualquiera, vamos. En la puerta estaban ya un par de madres con su maguitos y enseguida se han puesto a jugar corriendo hasta el descampado de al lado, porque había una gatita y estaban entusiasmados. Sé que es una gata porque es tricolor. Todo normal, típico y rutinario. Hasta que una de las madre preguntó: ¿Veis “la isla de las tentaciones”?

Lo reconozco, hasta hace un par de días no sabía ni que existía. Me enteré por Twitter de que es un programa de Telecinco. Y hoy me han puesto al día, con pelos y señales. Resulta que es un programa de la susodicha cadena en la que hay varias chicas y chicos “encerrados” en un entorno paradisiaco con mucho alcohol, fiesta y despendole. Fiel a nombre, vamos.

Normalmente hubiera pasado del tema y hasta otro día. Pero hay cosas que me llaman muy poderosamente la atención y con las que me debato si dejarlas pasar o no. Una es la sempiterna hipocresía de: yo nunca lo veo y jamás pongo ese canal, pero… y para no verlo casi se lo saben mejor que los protagonistas. ¿Cuál es el problema de ver un programa? Si lo ves, lo ves, y si no lo ves, pues no lo ves.

La otra, y con la que me quemé toda y por la que escribo este post es una frase con demasiadas repercusiones: esa chica es una guarra y una p*t*, pobre Cristofer. No sólo la chica no tiene derecho a ser llamada por su nombre, tampoco es libre de hacer lo que quiera con quien quiera, sino que la verdadera víctima es el chico que entró al programa con ella. ¿No hemos aprendido nada o qué?

Soltar eso en voz bien alta delante de unos 10 maguitos de 3 años de infantil ya es malo de por sí. Que sea una madre, una persona que en teoría está educando a personitas de una generación es horrible. Lo que se esconde detrás es un monstruo que parece que nunca nos vamos a sacudir.

El hecho de que una muchacha adulta vaya a un programa y haga con su sexualidad lo que le parezca, como le parezca y con quien o quienes le parezca es suficiente para definirla igual que hace 30 años. Entiendo que pueda parecer mal, incluso que no guste nada, pero sigue siendo libre para hacer lo que le venga en gana sin que por ello sea una cosa u otra.

Me costó mucho, muchísimo no saltar  y decir algo. No quiero que haya un día en el que Maguito llegue a definir a cualquiera de sus amigas o compañeras de esa forma porque hagan lo que les parezca mejor. Pero tampoco quiero que sea un paria. No quiero que deje de tener amigos porque su madre es “la rara”. (Y que conste que ya lo soy un poco).

Hoy me callé, me lo tragué, y no dije nada; quizá otro día salte sin importar el después. ¿Y vosotros, qué soléis hacer en estos casos?

Foto con la familia Noel

Fue Telva (echarle un vistazo a su blog si aun no la conocéis, por favor) quien me habló de la visita de Papá Noel en el CC Las Terrazas y me contó lo especial que era. Así que el domingo antes de Navidad nos armamos de paciencia y buena voluntad y nos dirigimos allí. Supuestamente el evento empezaba a las 12 de la mañana, y aunque llegamos sobre las 9 y 30, la cola ya era larga. Recurrimos a nuestro plan para estos casos: Papi Manitas se lleva a Maguito al parque infantil (hay uno en el centro comercial) y yo me quedo haciendo cola y twiteando.

El caso es que poco después de las 10 empezaron a dejar que la gente accediera al anfiteatro para que se fuera sentando, y para ir repartiendo los números para la foto con Papá y Mamá Noel. Son gratuitas, pero también limitadas, como el acceso al anfiteatro. El caso es que pudimos sentarnos y a Maguito le dieron un globo las pequeñas ayudantes de los elfos (alumnas y alumnos de una escuela de baile de Telde) que se paseaban por las filas en lo que nos íbamos sentando. Varias veces nos pidieron amablemente que nos juntáramos todo lo que pudiésemos para que entrara la mayor cantidad de personas, y sobretodo niños; y aunque cueste de creer, nos apretujamos e incluso se indicaron todos los huecos libres que iban quedando cuando se quitaron mochilas, bolsas y demás. Y a esperar.

A partir de ese momento nos amenizaron la espera con música y las ocurrencias de una elfa inquieta y muy graciosa. Cantamos villancicos, llamamos a Papá Noel a gritos y a susurros, y…

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¡Papa Noel apareció en helicóptero! Ya os podéis imaginar la locura y la admiración de los más pequeños con cada pasada. Y dieron unas cuantas, siempre saludando con la mano. Luego el helicóptero se fue, pero Papá Noel usó su magia para aparecer en lo alto del centro comercial.

Tardó lo que parecía una eternidad en bajar hasta el escenario, porque tuvo la delicadeza de ir saludando y dándoles besitos a los peques que no habían podido entrar al anfiteatro pero que igualmente se habían quedado solo para verle.

Y son dos plantas. Por mucha prisa que intentaron meterle los elfos y los escoltas, Papá Noel no podía (ni quiso) defraudar a ninguno de sus jóvenes admiradores. Y no creo que lo hiciera, la verdad.

Luego nos dirigió unas cuantas palabras recordándonos la importancia de ser buenos todo el año y lo que eso significa. Así como las importancia de dar y recibir y que no siempre son cosas materiales. Realmente emotivo.

Y mientras los primeros afortunados bajaban a hacerse la foto con el matrimonio Noel, los demás nos quedamos viendo el show.

Hubo persecución de diábolo.

Acrobacias.

Payasadas con voluntarios.

Figuras con contorsionismo.

Más acrobacias.

Baile acrobático.

Más risas con voluntarios, actuaciones de la escuela de baile, Papá Noel se paseó también un par de veces entre la gente y más, pero ya nos tocó el turno de la foto (Papá Noel cogió a Maguito con todo el cariño del mundo, estuvieron hablando un poco y nos dio las gracias por ir a verle) y Maguito estaba aburrido de estar sentado y quería volver al parque a jugar y encontrarse con sus amiguitos, así que nos fuimos.

Si tenéis la oportunidad, pasaros a saludar a este Papá Noel tan especial con un show tan completo. El madrugón y la espera bien merecen la pena, aunque si volvemos otro año, haremos como los más veteranos y llevaremos “provisiones”.

Cambio de pastillas de freno de Dacia Logan MCV

Buenas a todos, hoy vamos a ver como realizar el cambio de pastillas de freno de nuestro transporte mágico. Lo importante es que si no sabes, mejor llévalo a tu concesionario o taller habitual de confianza, tampoco puede hacerse en un lugar público o en la vía pública; y recordad que no todos los coches son iguales para cambiar las pastillas de frenos, cada casa de coches e incluso cada modelo trae una manera de enganches y agarres diferentes, aunque en el fondo sean muy parecidos. Vamos a empezar con lo que necesitamos para cambiar nuestras pastillas de freno:

  • Las pastillas de freno en sí, en cualquier concesionario, en donde vendan recambios de coches o tu propio taller te los pueden proveer, solo necesitas:
    • la marca del vehículo.
    • modelo y año de fabricación.
    • matrícula del vehículo, para ayudar a encontrar lo anterior, si no lo sabes exactamente.
  •  Un gato, y no me refiero al del coche, un buen gato hidráulico, si no tienes, pues el gato del coche y unos buenos caballetes específicamente para vehículos donde lo apoyaremos.
  • Guantes de látex, para no ensuciarnos.
  • Grasa dura y afloja todo.
  • Martillo de goma, por si se necesita, yo al final no lo use, pero más vale tenerlo y no usarlo que necesitarlo y no tenerlo.
  • Una jeringuilla, de 20ml o de 40ml, da igual.
  • Un pequeño vaso.
  • Llave de rueda, o una buena caja de herramientas con llave de vaso.
  • Una buena carraca.
  • Un sargento o tornillo de apriete.
  • Trapos y servilletas de papel.

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Una vez tengamos todo ordenado y preparado lo primero es tener espacio limpio y una buena iluminación. Nos ponemos los guantes, abrimos el capo del vehículo, no quitamos el freno mano, y colocamos el gato. Empezamos a subir el gato hidráulico hasta que el gato este apoyado en el vehículo, aún no levantamos el coche, si tenemos tapacubos los quitamos, aflojamos las tuercas de las rueda con la llave de rueda una a una, al principio estarán duras, pero en el momento que estén flojas paramos y las apretamos con la mano, así sucesivamente todas las tuercas.  A continuación elevamos el vehículo hasta separar la rueda del suelo, en este momento colocamos el caballete, con su pasador y bajamos el gato para que este se apoye en el caballete. Quitamos la rueda dejando el espacio libre para ver ya el sistema de dirección y freno y giramos la dirección hacia el exterior.

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1º Dentro del motor buscamos el liquido de frenos y le quitamos la rosca.

2º A continuación con la jeringuilla sacamos 20 o 40 ml. según la jeringuilla, no hace falta vaciarlo, solo sacar una cantidad adecuada para que no rebose.

3º Primero sacamos un pequeño muelle que esta en la parte delantera con unos alicates finos, no hice fotos de este paso porque no le di mucha importancia.

Lo siguiente, usando el sargento, presionamos la pinza interior y la pastilla de frenos exterior poco a poco, hasta que vaya entrando el bombín.

4º Una vez hecho eso aflojamos los dos tornillos que están detrás y sujetan el sistema de frenos, para ello usamos una llave nº 18 y la carraca, está bastante duro y así tendremos  que dejarlo cuando terminemos.tornillos frenos

5º Cuando quitemos los dos tornillos, los dejamos en un sitio limpio y de fácil acceso. Sacamos el sistema de frenos cuidando el latiguillo de freno. Sacamos los dos cuerpo que forman el sistema de freno y sacamos las pastillas viejas.

6º Como vemos en la imagen anterior de la derecha aun vemos el bombín bastante afuera por lo que tenemos que meterlo más. Antes comprobamos el deposito del líquido de frenos por si tenemos que sacar más líquido, también con el “afloja todo” lo echamos por el exterior del bombín, limpiamos y secamos con papel o un trapo, utilizamos el sargento y la pastilla de freno del bombín.

7º Vamos apretando hasta meter casi todo el bombín en su hueco, durante este proceso vamos comprobando el deposito del líquido de frenos y si esta muy lleno, con la jeringuilla sacamos mas líquido. Si tienes un pequeño vaso de plástico limpio podrás ir introduciendo en él el líquido de frenos sobrante.

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8º Ya hecho esto limpiamos todo y engrasamos las partes móviles.

9º Después colocamos las pastillas nuevas, primero la que va en el bombín interior, para ello lo introducimos primero en la pieza exterior.IMG_082510º A continuación introducimos la pastilla y el cuerpo exterior en el bombín, teniendo en cuenta que hay que meter tanto las patas en sus huecos como las sujeciones de la pastilla en el bombín, quedando de la manera siguiente:

IMG_0826 11º Seguidamente introducimos la pastilla exterior, quedando ambas pastillas bien metidas y encajadas en su hueco correspondiente. Luego volvemos a colocar el sistema de frenos dentro del disco, si éste no entra tenemos que volver al punto 6º, para introducir más el bombín, nunca utilices las pastillas nuevas para esto, usa las viejas, volvemos a poner los tornillos de sujeción del sistema de frenado y los apretamos con fuerza, quedando todo de la siguiente manera:

12º Volvemos a colocar el muelle que sacamos al principio, colocamos la dirección recta y ponemos la rueda, apretamos los tornillos todo lo que podamos y bajamos el gato o si lo que teníamos es un caballete, levantamos el coche con el gato quitamos el pasador del caballete, sacamos el caballete y bajamos el gato hasta el suelo y volvemos a apretar las ruedas del coche. Ya hemos terminado un lado, ahora se haría el siguiente lado de la misma manera que este, pero desde el punto 2º.

Cuando terminemos ambas ruedas y el coche este en el suelo, ponemos en marcha el coche y a continuación apretamos el freno, este se irá al fondo, volvemos a soltar el freno y lo volvemos a apretar hasta que vaya cogiendo dureza. Cuando esté duro, volvemos a comprobar el líquido de frenos, echando hasta la marca de lleno con el mismo líquido que nos quedaba en la jeringuilla, si falta y no lo has tirado podrás utilizar el que tenías en el vaso. El líquido de frenos es de color amarillento claro, si está muy oscuro o negro se aconseja que cambies todo el líquido del sistema de frenos, ya que tiene impurezas y puede llegar a tupir el sistema.

Lo siguiente es probar los frenos, en un principio dando marcha adelante despacio y ver como reaccionan, después marcha atrás y lo mismo, todo ello poco a poco. Es normal que cuando cambies las pastillas de freno, el pedal no tenga la misma rigidez y dureza, ya que el bombín no está tan exteriorizado y vuelva a ser mas sensible y las pastillas nuevas. Recorre un kilómetro con precaución y, sin nada ni nadie alrededor, pisa fuerte el pedal del freno sin llegar a bloquear las ruedas, para que estas se vayan adaptando a los discos, hecho esto y sintiendo como reacciona el coche ya esta listo.

Espero que os sirva de algo si os animáis y os gusta el tema. Dejad un comentario si os ha sido de utilidad.

XIV Edición del Belén en la playa de Las Canteras

No hay Navidad hasta ir a ver el Belén de las Canteras, y aunque este año hemos tardado un poco en pasarnos a verlo, no podía faltar.

En primer lugar, los pastores con su rebaño.

 

Un poco en medio, y sin poder mirarlos de frente (¿sería una metáfora?), los ancianos.

Seguimos por los agricultores, donde se ve a toda la familia ayudando en las tareas cotidianas de la época.

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La Anunciación, con el consejo de ancianos al fondo.

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El recuerdo de la cumbre, totalmente arrasada por un incendio este año, y que aún duele, pero que se va recuperando. Su título es: el renacer de la vida. Si os fijáis bien, debajo podemos ver madera recuperada del incendio .

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El propio portal de belén en sí, bastante original representando la llegada y adoración de los Reyes  Magos.

Y los edificios de Vegueta, la parte más antigua de la ciudad. O lo que fue la capital original de la isla, si lo preferís.

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Y a la salida estaban estas dos simpáticas muchachas repartiendo polvorones de Gofio… y que Maguito quisiera ver el Belén dos veces… tuvo mucho que ver con ello, para qué nos vamos a engañar

Como siempre, os recomendamos la visita. Es gratuita, está en la playa de Las Canteras, que es la playa urbana más grande de Europa, y con la temperatura de la que gozamos, podéis disfrutar de un buen bañito a estas alturas del año.

 

¿Elegimos un buen colegio?

Después de todo el tiempo dedicado a buscar el colegio que más se adecua a las necesidades de nuestros maguitos, con el que estemos a gusto y nos guste su metodología, llega la hora de la verdad: comienza el curso, nos adentramos en la rutina y llegan las dudas. ¿El centro escogido era en verdad el mejor? ¿Hubiera sido mejor optar por otro?

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Nosotros estamos justo en ese punto. Nos pegamos meses mirando centros para Maguito, visitando, preguntando, informándonos y aunque nuestra opción no fue el que más nos gustó (por prohibitivo), sí fue el que más nos convenció. A pesar de todo. Pero comenzó el curso, Maguito comenzó con la que será su profesora hasta que termine la etapa de infantil, y empezaron nuestras dudas.

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No es que nuestra opinión, en general, sobre el centro haya cambiado, es más bien que hemos entrado en la dinámica y empezamos a ver cosas con las que no estamos de acuerdo del todo. En nuestro caso, ha coincidido que este curso ha cambiado la directiva al completo, con todo lo que implica. Y la situación actual tampoco es que ayude demasiado, pero nos ha servido para pensar y para ver el apoyo del centro y de los docentes. Y la verdad es que no podemos estar más contentos. Porque puede que sigamos teniendo dudas con el centro, creo que es algo inevitable, pero la profesora de Maguito es un autentico amor. No sólo se preocupa de sus peques día a día cuando están a su vera, sino que en la distancia sigue ahí, a disposición de lo que necesiten, y de las dudas que podamos tener los padres.

Realmente estoy segura de haber tomado la decisión correcta, por ella. Y por el resto del equipo de apoyo. Porque a fin de cuentas son los que van a influir a Maguito durante tres años, con los que trabajamos y nos apoyamos para sacar adelante lo mejor posible a nuestro pequeño. Y creo que eso es lo que verdaderamente importa. Ahora solo queda que pronto volvamos a verlos dejar sus mochilas así:

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Policán 3: Historia de dos Mininos

Ahora que se acercan las Navidades y empezamos a buscar cosas interesantes para nuestros maguitos, os traigo esta reseña que puede que os ayude en la elección.

Policán es un cómic book delicioso y perfecto para regalar a maguitos de entre ocho a noventa y nueve años, y también para los que tengan más edad, no quiero excluir a nadie. Recordemos que leer cómics también es leer, es más ameno para nuestros maguitos por sus viñetas coloridas, divertidas y le ayudamos a iniciarse en la lectura si no es algo cotidiano y habitual, tanto en los pequeños como en los adultos, recordad que nosotros somos el espejo de nuestros maguitos y lo que nosotros hacemos ellos nos lo copian. Pero vamos con la parte más seria de la reseña:

 

Policán 3: Historia de dos Mininos.

Editorial SM.

Su autor es Dav Pilkey, autor también de Capitán Calzoncillos.

253 páginas de puro entretenimiento, diversión y también algo de reflexión.

Cuenta con 10 capítulos y algunas sorpresas más, como aprender a dibujar a los protagonistas de la historia, o conocer un poco mejor a sus “autores”.

EIMG_2251sta entrega nos lleva a conocer un poco mejor a Perico, a través de su pequeño e inesperado clon, y lo que es más importante, sus motivaciones, porque ¿los malos nacen o se hacen? ¿Los malos pueden cambiar, y qué podría provocar ese cambio? Y sobretodo, ¿qué es eso que todos necesitamos en mayor o menor medida? Y también trae partes para convertirlo en un libro animado, de verdad.

La verdad es que ha sido todo un descubrimiento. Parece un libro simple y sin embargo no deja de sorprender capítulo a capítulo.

Aunque Maguito aún es joven para este cómic (pero no para sus papás) nos pareció perfecto para Sobrimago, y no nos equivocamos. Le gustó tanto que estas navidades le van a dejar debajo del árbol el resto de la saga. De hecho, os la recomendamos. Seguro que si le dan una oportunidad vuestros maguitos se quedan con ganas de más.